La decimoquinta edición de la Conferencia de las Partes (COP) llevada adelante en Copenhague, Dinamarca, en 2009 pasó sin pena ni gloria ante la mirada atenta de todo el mundo que quizás pecó de ingenuidad al depositar demasiadas expectativas en ella.
El Protocolo de Kyoto, a esta altura de las cosas, quedará como un esfuerzo poético que no sólo no llegará a cumplirse sino que además instrumentó herramientas como el canje de bonos de carbono que no es más que un gesto burlesco al objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Ya no se habla más de llegar al 2012, que era la fecha para el cumplimiento del Protocolo, sino de reducir los niveles de emisión de GEI para el 2020 entre un 25 y un 40% respecto a los de 1990.
Hace menos de un mes, en la ciudad de Cancún, México, finalizó la decimosexta Conferencia de las Partes, pero esta vez, si bien no solucionó temas de fondo, generó más revuelo en el gallinero medioambiental.
El fruto de la COP 16 es llamado en forma plural “los Acuerdos de Cancún”, ya que no están sistematizados en un Acuerdo único, orgánico y consistente, sino que son una serie de acuerdos parciales sobre temas fragmentados que no arrojan soluciones sobre la problemática medio ambiental.
Señores, es un insulto, dada la situación medio ambiental mundial que todos los seres humanos padecemos y padeceremos, que nuestros representantes en las Naciones Unidas no puedan tomar el toro por las astas y dar una solución de una vez por todas.
Ya no alcanzan acuerdos voluntarios parciales, por más que en sí mismos cada uno de ellos sea bueno. Sin un plan guía que obligue, sin un compromiso, enmarcado en un nuevo Protocolo, no podemos confiar que estos acuerdos sean de alguna utilidad real.
El Protocolo de Kyoto no se va cumplir y no confiemos en que lo vayan a renovar.
¿Qué garantías tenemos entonces que se cumplan estas promesas escritas casi en el aire?
Quizás el clima caribeño de la Riviera Maya conspiró para que los líderes se relajen y pateen la pelota para el año que viene en Sudáfrica, en el marco de la COP 17, y que sea lo que Dios quiera.

La nota de color la dio el líder del Estado Plurinacional de Bolivia Evo Morales, quien fue el único que ofreció un contrapeso a la Conferencia. Ya en la COP 15 había planteado la problemática ecológica en términos de inmoralidad del imperialismo capitalista de los países desarrollados.
Este año se apareció con una procesión multicolor que dio el marco necesario para la presentación de la ya sancionada en su país Ley de la Pachamama, Madre Tierra, por la cual, debemos considerar a la Tierra como sujeto de derecho, específicamente, a no ser destruida.
El embajador ante las Naciones Unidas del Estado Plurinacional de Bolivia, Pablo Solon, rindió tributo a su apellido en Cancún. La comunidad internacional los señala con el dedo como obstruccionistas, al rechazar, en 2009, el acuerdo de Copenhague, y este año, en Cancún.
Rajendra Pachauri, presidente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático y Premio Nobel de la Paz 2007, refrescó la memoria a los asistentes con algunas conclusiones del cuarto Reporte Global de Evaluación (AR4) y confirmó que un plantel de expertos recientemente convocados comenzará a trabajar en el próximo reporte (AR5) cuyos resultados se presentarán en 2014, pero fue claro en señalar que no es necesario esperar las conclusiones de ese reporte para saber si es o no urgente la aplicación de medidas que reduzcan la temperatura del planeta.
Ya esa información científica fue presentada en el AR4 y fue tajante al informar que:
“El calentamiento del sistema climático es inequívoco, como resulta evidente de observaciones de aumentos en temperaturas promedios atmosféricas y de océanos, amplio derretimiento de nieves y de hielo, y aumento en el nivel de la costa marina”
Y que:
“La mayor parte del aumento observado en las temperaturas medias mundiales desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente (>90% probabilidad) al aumento observado en las concentraciones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico”.
Lo dice un científico indio y un presidente aborigen, lo cantan los poetas, lo repiten nuestros niños, lo vemos en nuestra tierra seca, lo sentimos en nuestro clima.
Los economistas están pensando, algunos están encontrando soluciones.
Como ciudadanos, debemos repensar nuestros valores, superar los egoísmos personales, nuestras éticas indoloras. Nuestra misión es seguir de cerca a nuestros líderes, tener memoria, no conformarnos con promesas y defender nuestra tierra.










