El 15 y 16 de septiembre pasados se desarrolló en el Congreso de la Nación Argentina el III Simposio Internacional de Relaciones Públicas e Institucionales, en el cual fui simposista en poster panel.
El lema del simposio fue la Función Estratégica de la Comunicación en el Desarrollo Sustentable.
Asistí a las ponencias de Mónica Blanco de la CTM del complejo hidroeléctrico Salto Grande, Marcelo Manucci, quien dio una ponencia brillante de contextos inestables, Daniel Gutiérrez, presidente del Consejo Profesional de Comunicación y Marketing Político y Ronny Ricaurte de Venezuela, con una ponencia super amena sobre neuromarketing.
¡Felicitaciones a Antonio Di Génova y los organizadores por el evento!
Creo que más allá de las divergencias de opinión sobre la implementación de la sustentabilidad como sistema de gestión, todos coincidimos en la idea que ya no es posible continuar con el sistema actual, porque es inviable desde lo ecológico, lo social y también lo será desde lo económico en menos tiempo de lo que se piensa.
Además, tal como lo puntualizó Marcelo Manucci, los modelos actuales pertenecen a un pasado que ya no explica la realidad, por lo cual es imposible continuar aferrándose de modo desesperado a modelos matemáticos que son sólo placebos ante nuestra necesidad de control y planificación. Debemos comprender que el mundo ha cambiado, que no es inteligente creer que no lo ha hecho y que la adaptación al nuevo contexto es el factor crucial de supervivencia.
No hay dudas que la comunicación posee una función estratégica para las organizaciones, por tanto, para aquéllas organizaciones que se reestructuren hacia la sustentabilidad, también lo será.
Es decir, no tiene sentido apuntar a la sustentabilidad sólo desde la comunicación. Es necesario que primero la organización sea sustentable, antes de que piense en comunicar sustentablemente. Otherwise, tal como lon observaba Daniel Gutiérrez estamos hablando de greenwashing.
Greenwashing es una forma de actuación simulada por la cual se realizan supuestas acciones verdes, siendo que en realidad, no constituyen una verdadera acción verde. Por ejemplo, poner en los mails “no imprima si no es necesario” cuando la huella de carbono que nuestra actividad genera es abismal y no se compara con la que puede tener la impresión de algunos mails.
Greenwashing es desviar la atención desde una gestión insostenible hacia acciones puntuales ecológicas que no son más que un poco de maquillaje para un rostro que no él sino su cuerpo completo enfermo necesita cirugías y tratamientos.









